La edición de este mes del Ángelus del Oeste de Texas se publica en pleno tiempo de Cuaresma. Esto nos brinda la oportunidad de profundizar nuestra comprensión del origen y el significado de esta santa época.
La mayoría de nosotros tenemos una idea de lo que es un retiro. Es cuando uno reserva un tiempo para liberarse de las distracciones y abrir la puerta de su corazón a Dios. La Cuaresma es así. Es como un retiro anual que se realiza en medio de nuestros compromisos diarios, mediante el cual nos preparamos espiritualmente para el Triduo Pascual, el memorial de la pasión, muerte, y resurrección del Señor, que es el corazón del misterio de nuestra salvación. La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y termina al comienzo de la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo por la tarde.
La palabra “Cuaresma” proviene del antiguo término anglosajón lencten, que significa “primavera”. Literalmente, se traduce como “alargamiento de los días”, porque en el hemisferio norte, durante la primavera, los días se alargan y las noches se acortan día a día. Así, en esta época del año, la luz va venciendo gradualmente a la oscuridad. Esto simboliza lo que nos sucede espiritualmente.
La Cuaresma se desarrolló originalmente como un período de oración, ayuno, y limosna, para preparar a los cristianos conversos para ser bautizados en Pascua. Estos conversos pasaban por un intenso período de purificación e iluminación para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. En muchas iglesias cristianas actuales, incluida laIglesia Católica, se sigue este mismo patrón.
Mientras quienes se preparan para ser bautizados en la Vigilia Pascual se dedican a la oración, el ayuno, y la limosna, la Iglesia entera los eleva en nuestras oraciones. La celebración de los sacramentos de iniciación se lleva acabo durante la liturgia de la Vigilia Pascual, la tarde del Sábado Santo cuando los elegidos reciben los sacramentos del bautismo, la confirmación, y la sagrada Eucaristía, convirtiéndose en miembros plenamente iniciados de la Iglesia Católica.
El tiempo de Cuaresma no es solo para quienes se preparan para el bautismo. También es un tiempo para que todos los miembros de la Iglesia oren con mayor atención con las Escrituras y renueven su compromiso de fe en Jesucristo. Las actividades espirituales de Cuaresma ayudan a identificar relaciones desordenadas, a romper las cadenas del pecado, y a abrir los corazones a la misericordia sanadora de Dios. Estas actividades ayudan a evaluar la vida con honestidad y a erradicar todo lo que no es bueno ni verdadero.
En los tres primeros siglos del cristianismo, el período de ayuno cuaresmal previo a la Pascua variaba desde unos pocos días hasta una semana. La primera mención de un período de cuarenta días se encuentra en el quinto canon del Concilio de Nicea del año 325. Desde finales del siglo IV, la Cuaresma se ha observado como un período de cuarenta días en todo el mundo cristiano (Nueva Enciclopedia Católica, vol. 8, pág. 634).
El período de cuarenta días de Cuaresma recuerda algunos acontecimientos muy importantes de la historia bíblica:
El gran diluvio duró cuarenta días, el cual condujo al pacto de Dios con Noé.
Moisés pasó cuarenta días en el monte Sinaí, ayunando y conversando con Dios, después de lo cual recibió las tablas de la ley de Dios.
El pueblo de Israel vagó por el desierto durante cuarenta años después de que Dios los rescató de la esclavitud en Egipto y antes de entrar en la tierra prometida.
El profeta Elías tardó cuarenta días en llegar al monte Horeb, el monte de Dios, donde tuvo una poderosa experiencia de oración con Dios.
Antes de comenzar su ministerio público, Jesús pasó cuarenta días en el desierto orando y ayunando.
Aquí me gustaría ofrecer algunas reflexiones sobre lastres prácticas antiguas: la oración, el ayuno, y la limosna.
La oración es esa conversación personal que mantiene a Dios en el centro de nuestra vida. Se lleva a cabo tanto en la contemplación silenciosa como en el culto comunitario.
El ayuno incluye cualquier reducción voluntaria de comida, bebida, o lujos. Resalta el hecho de que los seres humanos tenemos un profundo anhelo innato de Dios que nose satisface con cosas materiales. Dios es el mayor tesoro del corazón humano. San Agustín dijo: “Nos creaste para ti, oh Dios, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones, libro I, párr. 1). El ayuno nos recuerda que existe una fuente de vida infinitamente más profunda que la comida o la bebida.
Mediante nuestro ayuno y abstinencia, elegimos renunciar a ciertas cosas, como la carne, los postres, o el alcohol, como un acto de sacrificio personal a modo de conectarnos más estrechamente con el sacrificio de Jesús en la cruz. Jesús dijo en Lucas 9:23: ‘Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz cada día, y sígueme.”
La limosna incluye actos de caridad fraternal que expresan solidaridad con los pobres. Sirve como recordatorio de la enseñanza cristiana de que el amor a Dios va mano a mano con el amor al prójimo.
Estas tres disciplinas cuaresmales nos hacen más conscientes. La limosna nos hace más conscientes de las necesidades de los demás. El ayuno nos hace más conscientes de lo que consumimos y de lo que nos consume. La oración nos hace más conscientes de que Dios es nuestra fuerza y nuestro salvador.
Algunos cristianos que no comprenden las prácticas de la Cuaresma nos cuestionarán preguntándonos: “¿Ustedes intentan salvarse mediante buenas obras?” La respuesta es no; nuestras prácticas cuaresmales no buscan demostrar nuestra santidad ni ganarnos el amor de Dios. Nuestra salvación se obtuvo en la cruz en el año 33 d.C. En respuesta al amor incondicional de Dios, realizamos con alegría nuestras actividades de oración, ayuno, y limosna para agradecerle y abrirnos más plenamente a su gracia.
Otra pregunta que a veces nos hacen es: “Si renuncias a algo durante la Cuaresma, ¿por qué solo durante la Cuaresma y no siempre?” La respuesta es que las cosas a las que renunciamos durante la Cuaresma no son necesariamente malas en sí mismas. Por ejemplo, si renunciamos a los dulces, la carne, el vino o el helado, no es porque sean malos. Son parte de los buenos frutos de la tierra de Dios, pero elegimos libremente asumir un sacrificio al prescindir de ellos, por estas razones: para conectar con el sacrificio de Jesús en la cruz, para profundizar nuestra solidaridad con los pobres, para recordar que no debemos dar estas cosas por sentado, y para abrirnos a ser llenos de Jesucristo. Si queremos que nuestro corazón se llene de Jesús, entonces necesitamos dejarle espacio para entrar.
La Cuaresma es un tiempo especialmente dedicado a la penitencia y la conversión. La conversión es alejarse de algo y volverse hacia otra cosa. En la Cuaresma, nos alejamos de la superficialidad y nos dirigimos hacia una fe más profunda. Nos alejamos del ruido y las distracciones y nos dirigimos hacia Dios, quien es nuestra verdadera fuente de amor. La conversión cristiana es alejarse de la oscuridad del pecado y acercarse a la luz de Cristo.
El tiempo sagrado de la Cuaresma tiene como objetivo ayudarnos a salir de la rutina cómoda y abrir la puerta de nuestro corazón a Dios. Muchas religiones del mundo tienen sus propios tiempos sagrados. Por ejemplo, los musulmanes tienen el Ramadán, los judíos el Yom Kipur, y los cristianos la Cuaresma.
La Cuaresma no es solo una cuestión católica. De hecho, la mayoría de los cristianos del mundo la celebran: católicos y no católicos, incluyendo ortodoxos, luteranos, episcopalianos, metodistas, presbiterianos, y muchos más. El porcentaje de cristianos que no celebran la Cuaresma es, de hecho, una minoría en el mundo cristiano.
Así pues, no es necesario ser católico para observar la Cuaresma. Cualquiera que busque seguir a Cristo puede optar por prepararse para la Pascua mediante un compromiso especial de oración, ayuno, o limosna. Los cristianos creemos que los acontecimientos salvíficos del Viernes Santo y el Domingo de Pascua son tan profundos que ameritan una preparación consciente, personal y comunitaria. Tras la observancia de la Cuaresma, el corazón cristiano se prepara mejor para celebrar el Triduo Pascual y la victoria de la Pascua.